Encontré a Jesús en un show de drones

Los shows de drones son los nuevos fuegos artificiales… y posiblemente un nuevo tipo de religión. Viajé a Texas para convertirme.
Imgenes del espectculo de luces areas en un show de drones en Manvel Texas
Cortesía de Aerial Illuminations

Una noche de septiembre de 2025, el rostro luminoso del Niño Jesús apareció en el cielo sobre el Vaticano (de forma clara y verificable), ante la mirada de decenas de miles de personas. Habían pasado unos dos milenios desde que el Libro del Apocalipsis profetizara, en la visión apocalíptica de Juan, que "vendrá con las nubes, y todo ojo le verá". Al poco tiempo, la imagen se transfiguró en la del difunto papa Francisco. En un espectáculo a la vez sagrado y ciberpunk, el rostro papal que resplandecía en el cielo romano estaba pixelado: no estaba compuesto de luz divina, sino de drones.

Acompañando a la aparición no había un coro seráfico sino dos mortales terrenales, a cientos de metros de altura, que cantaban "Amazing Grace": el tenor italiano Andrea Bocelli y, ataviado con cadenas de oro y colgantes en forma de cruz, el estadounidense Teddy Swims, de rostro tatuado. Más tarde, sobre la basílica apareció una representación puntillista de una colosal Piedad, que pronto se recompuso en los dos dedos extendidos del famoso fresco de Miguel Ángel. Algunos miembros de la multitud que abarrotaba la Plaza de San Pedro para asistir a "Grace for the World" (el primer concierto jamás celebrado en este lugar sagrado) lloraron.

El espectculo Grace for the World en el Vaticano

El espectáculo “Grace for the World” en el Vaticano, el 13 de septiembre de 2025.

Fotografía: Grzegorz Galazka/Getty Images

Digno del orgullo de Miguel Ángel

El show de drones en el cielo del Vaticano fue producido por Nova Sky Stories, una empresa propiedad de Kimbal Musk, hermano menor de Elon (quien, en cierto sentido, es dueño del resto del cielo con sus cohetes y satélites). Una tarde reciente en San Francisco, Kimbal me contó sobre aquella noche. "En un mundo en el que todas las personas religiosas se enfrentan entre sí, fue realmente un mensaje muy poderoso", señaló. Kimbal es el Musk más sencillo, con su característico sombrero de vaquero y su aire de alcalde de pueblecito. Le pareció surrealista formar parte de un hilo de WhatsApp en el que funcionarios del Vaticano y representantes de Pharrell debatían sobre la dirección artística.

Se podría decir que este insólito cruce entre los drones y el papado tiene su origen, como suele ocurrir con estas cosas, en Burning Man. En 2021, cuando el evento se canceló debido a la pandemia, Kimbal convenció a veteranos del festival para que se unieran a él en el desierto de Black Rock en una reunión no oficial que pasó a conocerse como el Free Burn. Normalmente, el Burning Man termina con la quema de una enorme efigie con forma humana (el "Man" que da nombre al festival), pero ese año la Oficina de Administración de Tierras de EE UU prohibió a los asistentes prender fuego a nada.

Entre los asistentes al Free Burn se encontraba Ralph Nauta, un artista holandés que trabaja con la luz y la tecnología. Kimbal le preguntó si podría ofrecer un espectáculo sin fuego para la última noche, y Nauta accedió. Una multitud se congregó en la playa mientras Nauta liberaba un enjambre de drones que flotaron sobre la tierra durante unos minutos antes de alinearse con el contorno punteado del Hombre. La multitud contuvo el aliento y luego vitoreó. La figura levantó lentamente los brazos, se tiñó de rojo fuego y se desvaneció. "Todos, incluido yo, estábamos llorando a lágrima viva", recordó Kimbal. "Fue uno de los momentos más emotivos de mi vida".

Un año después, Kimbal fundó Nova Sky Stories. Entre los inversionistas de la última ronda de financiamiento de la empresa, de 50 millones de dólares, se encontraba el magnate de Hollywood Jeffrey Katzenberg, quien se incorporó al consejo directivo tras presenciar un show de drones en 2022 en (¿dónde más?) Burning Man. Un show de drones tiene propiedades transformadoras, aseguró Kimbal: "El cínico que hay en ti desaparece. Es como una conexión directa con el centro espiritual". Me contó que el Papa León, que vio el espectáculo del Vaticano desde un apartamento cercano, le pasó una nota después. "Sus palabras", según Kimbal, "fueron que había hecho que Miguel Ángel se sintiera orgulloso".

Kimbal Musk director ejecutivo y cofundador de Nova Sky Stories

Kimbal Musk, director general y cofundador de Nova Sky Stories.

Fotografía: Trent Davis Bailey

Aunque los investigadores en robótica y los artistas independientes llevaban años experimentando con drones (Nauta empezó a hacerlo ya en 2008), el show con drones tal y como lo conocemos comenzó de verdad en 2015. Fue entonces cuando Intel, con 100 drones, estableció el primer récord mundial Guinness por el "mayor número de vehículos aéreos no tripulados en vuelo simultáneo", subiendo el listón para los espectáculos que vendrían después. En 2017, se utilizaron cientos de drones como telón de fondo para el espectáculo del intermedio del Super Bowl de Lady Gaga, y hoy en día se utilizan por miles en parques temáticos y estrenos de Netflix. En 2025, el Rose Bowl sustituyó su tradicional espectáculo de fuegos artificiales del 4 de julio por un show de drones, tal y como habían hecho Napa y Salt Lake City en años anteriores.

Me inicié en este medio como muchos otros: a través de una pantalla, la de 6 pulgadas de mi iPhone. En el verano de 2025, Steph Curry se encontraba en China, donde presenció cómo una versión de sí mismo del tamaño de Godzilla y un panda se chocaban las manos en cámara lenta sobre el horizonte de Chongqing. "Es lo más alucinante que he visto en mucho tiempo", declaró Curry al Daily Mail. "5,000 drones volando como locos en este mismo momento". Mientras veía el video en YouTube, me sentí desconcertado por las emociones contradictorias que me invadían. Mi instinto era restarle importancia a lo que parecía un truco tecnológico de última hora, pero me costaba mucho contener mi alegría. A continuación, vi un video de las protagonistas de KPop Demon Hunters materializándose sobre Seúl, la ciudad en la que crecí. Les envié un mensaje a mis padres. ¿Lo habían visto? “Sí”, me respondieron. “¿Tú no has visto un show de drones?”

Incluso para un ojo inexperto, se notaba que la calidad variaba. Algunas animaciones eran torpes y carecían de imaginación: logotipos corporativos, ensamblajes de figuras geométricas básicas. Otras, sin embargo, eran imágenes trascendentales, representadas con precisión y pompa. Hubo un video de China que batió un récord mundial Guinness (7,598 drones) en el que aparecía un dragón con escamas brillantes y teseladas, lo suficientemente grande como para rodear un rascacielos. En Dubái, unos paracaidistas volaron hacia una lata de Red Bull formada por drones. Vecna, de Stranger Things, salió arrastrándose del cielo del Strip de Las Vegas. Un fénix cuyas alas estaban compuestas por "pirodrones"(fuegos artificiales acoplados a drones) lanzó una cascada de chispas. En Arabia Saudí, los drones se unieron para formar el rostro de Mohammed bin Salman. Se jugaba al Tetris y Nyan Cat volaba en los cielos.

Una figura formada por “pirodrones”.

Cortesía de Sky Elements

Un lector mojigato podría quejarse: “Pero, ¿acaso los drones no son armas de guerra?”. Bueno, ¿no surgieron los fuegos artificiales de la pólvora? Quizás la amenaza que representa este medio sea parte de lo que le da su fuerza. Se trataba de una tecnología formidable; algo que, de haberse mostrado en la Edad Media, podría haber convertido a un infiel furioso en el creyente más ferviente.

Resulta que el hombre moderno es igual de susceptible.

Los preparativos de un show de drones

Nova Sky Stories, de Kimbal Musk, puede que sea la única empresa de drones bendecida por el Santo Padre, pero la más grande de Estados Unidos en cuanto a número de espectáculos es una empresa llamada Sky Elements. Un viernes, en pleno apogeo del March Madness, me dirigí a San José para ver cómo Sky Elements se preparaba para uno de sus espectáculos.

El número de drones que volaron ese día fue de 1,000 (el costo de un espectáculo con drones depende del número de drones; actualmente oscila entre 150 y 200 dólares por dron). Me recibió Preston Ward, cofundador de Sky Elements, a quien reconocí por una popular cuenta de Instagram que gestiona (@thatdroneshowguy) y que cuenta con cerca de un millón de seguidores. Ward había sido abogado especializado en litigios mercantiles en su vida anterior. Bajo su sonrisa desarmante, tuve la sensación inequívoca de que no te gustaría encontrarte con él al otro lado de la mesa de negociaciones. Al fin y al cabo, se trataba del hombre que, en 2024, convenció a la Administración Federal de Aviación (FAA) de que le permitiera acoplar fuegos artificiales a los drones (de ahí la llegada de los "pirodrones" al espacio aéreo estadounidense).

Organizar un show de drones es una tarea que requiere mucha mano de obra y tiempo. Los preparativos para el espectáculo de las 9:15 pm comenzaron a las 2:00 pm, y cuando llegué, el equipo ya había descargado cajas de drones de un camión de Enterprise, además de bidones metálicos de color gris que contenían baterías de litio. Con el equipo moviéndose ajetreado con chalecos reflectantes de seguridad y radios, la escena se asemejaba a un pequeño aeródromo. De hecho, la FAA clasifica los drones como aeronaves, lo que exige que los operadores de los espectáculos obtengan una "licencia Parte 107" para su uso comercial.

Cajas metlicas de munición para las baterías de los drones

Cajas metálicas de munición para las baterías de los drones.

Fotografía: Sheon Han
Drones UVify sin embalar apilados en torres

Drones UVify sin embalar apilados en torres.

Fotografía: Sheon Han

Mientras el equipo empezaba a desembalar los drones (fabricados por UVify, una empresa surcoreana y uno de los principales proveedores de drones para los operadores estadounidenses), me agaché para examinar uno. Tenía cuatro brazos de fibra de carbono que se extendían hasta unas hélices de color rojo y negro, y su cuerpo de plástico opalino albergaba los LED que se convertirían en un vóxel iluminado en el cielo. Allí, en su postura agazapada como la de un crustáceo, resultaba extrañamente adorable.

Un dron de UVify de cerca

Un dron de UVify de cerca.

Fotografía: Sheon Han

Cerca había un trípode de alta resistencia con un sensor en forma de disco montado en la parte superior. Se denomina estación base RTK y es un elemento esencial del equipamiento para cualquier show de drones. El GPS estándar solo tiene una precisión de entre 2 y 5 metros, por lo que los drones para espectáculos de luces se basan en esta tecnología de posicionamiento cinemático en tiempo real (RTK) para transmitir señales de corrección que permiten una precisión a nivel de centímetros. Había recibido un plano del recinto con antelación y observé que la plataforma de despegue estaba rodeada por la zona de vuelo, seguida de una "geovalla" blanda (hacia donde volverían los drones si se desviaran del rumbo) y otra dura (donde se apagarían y abortarían la misión).

A las 6:00 pm, los drones estaban dispuestos en una cuadrícula de 20 por 50, separados por aproximadamente un metro entre sí, con las baterías insertadas en el cuerpo pero los cables aún sin conectar. Tras una pausa para cenar, el equipo se alineó a un lado y fue avanzando por cada fila, conectando las baterías una a una. Me uní a ellos y enchufé los conectores en su sitio. Con cada conexión se oía un breve trino electrónico a medida que el dron cobraba vida. El piloto y el copiloto estaban encorvados sobre sus computadoras, realizando las comprobaciones finales del software de vuelo. Eché un vistazo a la lista de verificación del piloto: más de 60 puntos.

Estación base RTK en una feria de Sky Elements en San Jos California

Estación base RTK en una feria de Sky Elements en San José, California.

Fotografía: Sheon Han
Preston Ward cofundador de Sky Elements

Preston Ward, cofundador de Sky Elements.

Cortesía de Sky Elements
Mil drones en un campo a la espera del despegue

Mil drones en un campo a la espera del despegue.

Fotografía: Sheon Han

Ward y yo nos acomodamos en unas sillas de picnic para ver lo que se había convertido en mi parte más esperada de un show de drones: el despegue. Se encendieron mil esferas opalescentes de luces LED y 4,000 hélices comenzaron a girar. Los drones despegaron en cuatro secuencias de formaciones rectangulares de 25 por 10; cada unidad plana se elevaba en azul, rojo, verde y amarillo, como una colorida baraja de cartas que se abría en abanico hacia el cielo (cada dron, a diferencia de los enjambres autónomos que suelen utilizar los ejércitos, no es consciente de la existencia de ningún otro dron. Simplemente sigue su ruta programada y regresa).

En el cielo se dibujó el logotipo "San José 2026", seguido de una cesta de baloncesto y diversas figuras inspiradas en el March Madness, intercaladas con los logotipos de los patrocinadores (Adobe, Waymo). Aunque nítidas desde la distancia, las formaciones, al observarlas más de cerca, mostraban una ligera ondulación y balanceo, tal vez debido al viento nocturno. De vez en cuando podía ver a algunos rezagados que volvían a incorporarse a la formación como soldados torpes. Tras unos 10 minutos, los drones formaron una falange compacta para la secuencia de aterrizaje. A medida que descendían, el campo de césped se ondulaba. Provocaron una suave corriente descendente sobre el suelo, que derribó una botella de agua vacía.

Un sector competido

Tras hablar con varios operadores de drones (pequeños y grandes, regionales y nacionales), me di cuenta de que existía cierta tensión entre ellos; es decir, el sector no está precisamente impregnado de cordialidad. Algunos tachaban el trabajo de sus rivales de "imágenes prediseñadas", otros de simple buen marketing. De vez en cuando oía la palabra "litigioso".

Los modelos de negocio también varían enormemente. Algunos fabrican drones, otros crean software para espectáculos con drones, otros organizan espectáculos y venden software, y otros venden software pero no fabrican drones; hay de todo. Algunos se posicionan como artistas, mientras que otros tienen un enfoque más utilitario. Como me dijo un ejecutivo de Pixis Drones: "Somos, ante todo, una agencia de marketing, y da la casualidad de que tenemos una flota de drones". Algunos piensan que "show de drones" es un nombre poco digno para un medio tan futurista. La empresa de Kimbal Musk prefiere "historias en el cielo", y UVify se decanta por "contenido ciberfísico".

Un miércoles por la tarde, en una cafetería de Palo Alto por la que circulaba un Tesla Cybercab cada 15 minutos, conocí a Nils Thorjussen, cofundador de Verge Aero, el segundo mayor operador de drones de Estados Unidos (un proveedor ocasional de espectáculos que también vende software y hardware para drones). Thorjussen, cuyo rostro sonrosado refleja una pasión de toda la vida por el esquí (acababa de regresar de Tahoe), lleva décadas dedicado al sector de la iluminación. Tras graduarse en la escuela de negocios de Stanford, puso en marcha una empresa de sistemas de control para grandes conciertos y pronto se encontró de gira con los Grateful Dead. Un día vio una charla TED en la que se mostraban espectáculos de luces con drones y quedó hipnotizado.

Cortesía de Sky Elements

Cuando obtuvo su exención de la FAA en 2017, el número de operadores de drones se contaba con los dedos de una mano. Pero, por mucho que se haya desarrollado el sector, según Thorjussen sigue estando en una "fase de operadores de feria", un "entorno al estilo del Salvaje Oeste" con "estafadores". Un escándalo reciente tuvo como protagonista a un tal David Oneal y su empresa Wildly Creative Marketing. Haciendo honor a su nombre, la empresa de Oneal estafó a SeaWorld al comprometerse a realizar un espectáculo con drones, cobrar el pago y luego no presentarse nunca. Tras una investigación conjunta del Departamento de Transporte y el Servicio Secreto de EE UU, Oneal fue declarado culpable y condenado a 32 meses de prisión.

Thorjussen ha dedicado el último año a trabajar en el establecimiento de una norma de seguridad para los espectáculos con drones, para evitar que un accidente grave hunda a esta joven industria, tal y como hizo el Hindenburg con los dirigibles. La comunidad sigue conmocionada por un accidente ocurrido en diciembre de 2024, cuando, durante un espectáculo navideño en Orlando organizado por Sky Elements, unos drones cayeron del cielo y, según una demanda, golpearon a un niño de 7 años, que tuvo que someterse a una operación a corazón abierto (el informe preliminar de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte, publicado a principios de 2025, atribuyó la causa a una combinación de errores). Thorjussen ha contado con la ayuda de ASTM International, la organización responsable de las normas que regulan desde el puenting hasta la viscosidad de la pintura.

Otro tema espinoso para el sector: China. Los nuevos récords Guinness al mayor número de drones en vuelo (el récord que más importa) ahora los establece, bate y vuelve a establecer China, a menudo en cuestión de semanas (en el momento de escribir estas líneas, la cifra es de 33,615 drones). Las reacciones estadounidenses ante este hecho van desde el desdén hasta la resignación, pasando por la admiración. Hayes Walsh, de Sky Elements, me dijo: "Nos llevan prácticamente años luz de ventaja en términos de escala". Una de las empresas chinas a las que se refiere es Damoda, cuyos drones no requieren insertar manualmente las baterías ni colocarlas en una rejilla. En su lugar, como abejas obreras que entran y salen de su colmena hexagonal, despegan de un estuche de carga y regresan a él.

China también parece suscitar inquietudes en torno al espionaje industrial. Al menos un ejecutivo con el que hablé confesó que había preguntado por mí porque mi apellido también existe en chino. Empecé a dar pistas al inicio de las conversaciones de que soy coreano.

Entra la IA

Una semana después del espectáculo March Madness de Sky Elements, visité la sede de la empresa en Texas, un edificio bajo de color beige situado en un parque empresarial. Preston Ward, el cofundador al que había conocido en San José, me esperaba cerca de la entrada, donde una pared rendía homenaje a los 16 Récords Mundiales Guinness de la empresa (ahora son 17). Aunque China domina el juego de las cifras, Guinness (siempre generosa con las categorías) sigue dejando espacio para entradas de nicho: "La mayor exhibición aérea de un símbolo monetario". "De un sombrero de vaquero". "De un pueblo de galleta de jengibre".

Drones apilados en la sede de Sky Elements en Texas

Drones apilados en la sede de Sky Elements en Texas.

Fotografía: Joshua Dudley Greer

Más allá de la oficina principal, que parecía un lugar de trabajo normal y corriente, una puerta trasera daba a un almacén que era mitad Costco, mitad hangar de Boeing: pilas de estuches de drones que llegaban hasta el techo, bancos de trabajo con equipos de soldadura y componentes de drones, una carretilla elevadora y un cortacésped industrial aparcados cerca.

En una sala de hardware que parecía un laboratorio de robótica me recibió Cameron Ellis, el joven jefe de ingeniería. Tenía el ingenio rápido y la naturalidad del personaje de Q, interpretado por Ben Whishaw en la reciente saga de Bond. “Soy ingeniero eléctrico de profesión”, afirmó Ellis, quien había investigado la tecnología de enjambres de drones en la maestría. “Este es mi primer trabajo de verdad, si se le puede llamar así”.

El equipo de Sky Elements repara drones

El equipo de Sky Elements trabajando en los drones.

Fotografía: Joshua Dudley Greer
Un miembro del equipo de Sky Elements repara componentes de drones

Componentes de drones que necesitan reparación.

Fotografía: Joshua Dudley Greer

Ward parecía estar de muy buen humor por algo en lo que él y otros llevaban trabajando desde el día anterior, que era un intento de responder a "la gran pregunta de todos": ¿Puede la IA sustituir gran parte de lo que hacen? En menos de 24 horas (explicó Ward), un agente de IA ya había investigado qué software utilizar, diseñado un espectáculo y enviado un correo electrónico al diseñador jefe para que lo revisara. ¿Tiene nombre? "Mavrick", respondió Ellis. "Es nuestro piloto estrella. Top Gun". Me presentaron su encarnación física: un mini rack del tamaño de una olla arrocera (Mac Mini, conmutador de red y grabadora de video) con una cinta de color rosa neón en la que se leía “MAVRICK” (el nombre también es un guiño a MAVLink, un protocolo de comunicación para drones).

Un piloto de drones con tecnología de inteligencia artificial en Sky Elements

Un piloto de drones impulsado por IA en Sky Elements.

Fotografía: Sheon Han

Salimos por la puerta trasera al patio que hay detrás de la oficina. Diez drones estaban alineados como alumnos de primaria a punto de participar en un espectáculo de talentos. Mavrick había diseñado la coreografía y había puesto un nombre a cada fase: "Ignition", "Gathering", "The Shift", "Pulse Ascent", "The Bloom" y "Return". La música que eligió fue "Virtutes Instrumenti", de Kevin MacLeod, con licencia Creative Commons (buen bot). Mavrick había elegido SkyBrush, el software de código abierto (muy buen bot), y había establecido los valores de latitud y longitud del punto de partida del espectáculo, configurado la “geovalla” y los márgenes de seguridad, cargado los datos del espectáculo y realizado todas las comprobaciones previas al vuelo. Mavrick informó a través de Telegram que "todos los pasos están completados. Lo único que queda es la autorización. Yo no voy a apretar ese botón. Esa decisión te corresponde a ti. 🛸"

En realidad, Ward no tenía previsto montar un espectáculo delante de mí. Pero llegó otro mensaje de Telegram que nos recordaba que se necesitaba la autorización humana. "Depende de ti, Preston", escribió Mavrick. ¿Cómo íbamos a resistirnos? Ward lo autorizó.

Uno a uno, los drones se elevaron hacia el cielo para ofrecer lo que muy posiblemente fue el primer espectáculo jamás diseñado por una IA. Resultaba un poco difícil descifrar lo que estaban haciendo, lo cual tenía algo conmovedoramente entrañable. La formación adoptó una forma espiral, se expandió hacia fuera y flotó como polen brillante, para luego agruparse en una corona circular y aterrizar.

"Estuvo muy bien", expresé.

“Estoy realmente impresionado”, contestó Ward. “Ayer empecé con una computadora que no tenía ninguna configuración. No tenía nada. Y ninguno de los drones chocó con otro. No se estrelló ninguno. Todo funcionó. Ahora nos va a reemplazar la IA”.

“Literalmente, no veo ningún escenario en el que eso pueda salir mal”, añadió Ellis.

La lucha por un récord

Ser testigo de cómo la humanidad se acercaba un poco más a la aniquilación a manos de un enjambre de drones fue un espectáculo digno de ver. Pero no estaba en Texas solo por eso. Semanas antes, había llamado a la incomparable evangelista de los drones de Estados Unidos, Sally French, también conocida como la “Drone Girl” (en su boda hubo un show de drones del que se hizo eco The New York Times). French me había avisado que una empresa llamada Aerial Illuminations intentaría batir un récord mundial Guinness (por el mayor número de drones volando simultáneamente sobre el cielo norteamericano) en una pequeña ciudad al sur de Houston llamada Manvel. El lema de la ciudad, "City on the Rise" (ciudad en auge), tenía un aire bíblico, y el intento de récord Guinness iba a tener lugar durante el fin de semana de Pascua. Me sentí, por así decirlo, impulsado a hacer la peregrinación.

Según el censo de 2020, Manvel contaba con 9,992 habitantes. Desde entonces, se ha convertido en la sexta ciudad con mayor crecimiento de Estados Unidos. Por el momento no tiene ninguna licorería, pero cuenta con al menos 15 iglesias. Varias de ellas habían organizado un evento cristiano llamado JJJ, programado para coincidir con el intento de récord mundial. Comenzando con 5,000 drones y aumentando gradualmente hasta los 10,000, el evento representaría la historia de la Semana Santa a lo largo de nueve días.

El Viernes Santo volé a Houston y me dirigí a Manvel. Cuando vi una cruz blanca gigante, de más de 9 metros de altura, colgando inexplicablemente de una grúa de obra, supe que había llegado al lugar donde se celebraría el JJJ. Aún más evidentes eran las pancartas de vinilo que deletreaban el nombre completo del evento: Jesus Jesus Jesus. Detrás de la iglesia los drones se extendían, fila tras fila todos los 10,000, casi hasta perderse en el horizonte. La seguridad era estricta (un guardia armado montaba guardia) y el equipo parecía tenso, serio, indiferente ante mi presencia. Con sus carpas y contenedores de transporte haciendo las veces de centro de control, el recinto parecía un puesto avanzado rebelde que preparaba una operación de guerrilla.

Manvel Texas se prepara para su espectculo de drones que batir rcords

Manvel, Texas se prepara para su show de drones que batirá un récord.

Fotografía: Sheon Han

Dentro de la iglesia conocí al pastor Jason, quien me contó que había sido un único donante anónimo quien había financiado el evento de este año. La idea de intentar batir el récord Guinness surgió la pasada Navidad, cuando la iglesia organizó un espectáculo con 1,000 drones. "Tanto si tenías 5 como 95 años", me contó el pastor Jason, “todo el mundo escuchaba, reinaba el silencio y era fascinante. Y yo pensé: ‘Vaya, esto es realmente una herramienta para difundir el mensaje’”. Aquella noche se acercó a Niro Senanayake, de Aerial Illuminations, quien dirigía el espectáculo y le dijo: "Niro, escucha. Tenemos a Jesus Jesus Jesus en camino. ¿Cuál es el récord?". El récord norteamericano era de 4,900 drones. El pastor Jason sabía que quería batirlo.

Él y otros pastores tuvieron momentos de duda: ¿Es realmente necesario todo este espectáculo? "Y creo que son buenas preguntas. Pero a veces Dios hace las cosas a lo grande. Cuando separó las aguas para que pudieran atravesarlas, podría haber hecho un simple charco", recordó el pastor Jason riendo. "Pero no habría tenido el mismo efecto". Intentar batir un récord de drones durante el JJJ le parecía al pastor Jason "simplemente darle a la historia la magnitud que se merece".

5:30 pm. El octavo día del JJJ estaba a punto de comenzar y me dirigí al recinto del evento. De pie en lo que supuse que era la cola de inscripción, vi a gente con camisetas en las que se leía “El cielo es mi hogar. Solo estoy aquí reclutando”, "Jesús, Jesús, Jesús" o "Reza, reza, reza". Cuando llegué al final, me di cuenta de que era una cola para recoger una camiseta. Me entregaron una de "Jesús, Jesús, Jesús" en talla mediana.

En el lugar del espectculo de drones de JJJ

En el escenario del show de drones del JJJ.

Fotografía: Sheon Han
una cruz llena de papeles con mensajes
Fotografía: Sheon Han

A las 6:00 pm se encendieron las pantallas gigantes y las bandas tocaron sus canciones. Entre actuación y actuación, se celebraban bautismos en dos piscinas inflables. Mientras estaba allí parado, caí en cuenta de que no quería estar solo cuando, tal vez, la mayor representación de Jesucristo jamás realizada en este continente apareciera en el cielo.

A decir verdad, había un hombre que no dejaba de llamarme la atención, alguien que, mientras lo observaba desde lejos, parecía tener un halo de autoridad a su alrededor. Era un hombre negro corpulento, de estatura media, con sombrero de vaquero, lentes de aviador y (esto es lo que me atrajo espiritualmente) un bastón de madera como el de Moisés. Me presenté y le pregunté si había visto el espectáculo las noches anteriores. Así era. "Inmaculado", dijo. "Una narración magnífica. A veces incluso parece que estás viendo la televisión".

Me dijo que se llamaba Patrick, pero que la gente lo llamaba Patty G. Era un pastor de la zona, así que no me sorprendió cuando me hizo la pregunta que yo esperaba evitar: "¿Eres creyente?". Balbuceé algo sobre mi educación católica, pero añadí que, poco a poco y sin grandes dramas, me había vuelto no religioso. "Amén. Te diré una cosa", exclamó Patty G. "¿Puedes repetirme tu nombre, hermano?" Sheon. "Hermano Sheon", dijo Patty G, rodeándome con un brazo por los hombros. "Da igual qué fe tengas o no tengas, se supone que debo tratarte como a un hermano. Así que, al fin y al cabo, eres el hermano Sheon".

El espectáculo estaba a punto de empezar. Patty G se ofreció a llevarme al mejor sitio, donde se uniría a nosotros un amigo que había conocido el día anterior. Nos guió con paso firme, apoyándose en su bastón. Al poco rato, un hombre blanco con una camiseta que decía "Jesus Jesus Jesus" se presentó como Chase. Tenía 27 años y se ganaba la vida montando vehículos utilitarios en un taller cercano.

Diez mil drones en Manvel para el espectculo Jesus Jesus Jesus

Diez mil drones en Manvel para el espectáculo de Jesus Jesus Jesus.

Fotografía: Sheon Han

Hacia las 9:15 pm, la multitud esperaba en un silencio expectante. Pasaron cinco minutos. No aparecieron los drones. "Estamos teniendo algunos retrasos", anunció alguien desde el escenario. "Pero no hay nada que sorprenda al Señor. Así que vamos a seguir adorándolo". Tras varias canciones más, el silencio volvió a apoderarse del recinto. Otro anuncio desde el escenario: "Nunca pensé que rezaría por los drones" (el público se rió) "pero recemos por ellos". Hubo oraciones.

9:50 pm. Todavía no había drones. La gente empezó a marcharse. Se anunció que el siguiente intento de lanzamiento sería a las 10:15 pm. Mientras Patty G, Chase y yo estábamos allí de pie intercambiando anécdotas sobre nuestras ciudades natales, las 10:15 pm llegaron y pasaron. Entonces, un murmullo de emoción se extendió entre la multitud. El espectáculo estaba listo. Un milagro. En los altavoces se oyó: "¡El mayor show de drones de la historia de Norteamérica tiene lugar esta noche aquí mismo, en Manvel, Texas en Jesus Jesus Jesus!".

Pocas veces en la vida vemos algo verdaderamente nuevo por primera vez. ¿Es esto lo que sintieron los parisinos cuando se encendieron las 10,000 lámparas de gas de la Torre Eiffel en 1889? ¿Lo que sintieron los habitantes de Chicago cuando los 100,000 bombillos de la "Ciudad Blanca" cobraron vida en la Exposición Universal de 1893? Solo Dios sabe cuántos espectáculos de drones he visto por internet, pero nunca antes había sentido una reacción tan visceral, casi celular, ante uno de ellos.

En el cielo, allá donde se había acumulado la oscuridad, una única e inmensa capa formada por mil drones (que abarcaba la longitud de un estadio de fútbol) ascendió, y el campo quedó bañado por la luz. Luego se elevó otra capa, y otra más, hasta que nueve capas flotaron en el cielo como una centelleante milhojas celestial. Se disolvió en una nube temblorosa que se asemejaba a una nebulosa, para luego volver a formarse en letras monolíticas: "Arrepiéntanse", en una lujosa letra cursiva, y debajo, en mayúsculas severas, "PORQUE EL REINO ESTÁ CERCA". A continuación, las letras se extendieron hasta convertirse en lo que parecía una pantalla de televisión rectangular en la que se proyectaba una animación bíblica al estilo de matriz de puntos, cada dron siendo un único píxel de la pantalla gigante del cielo.

Entonces, en un instante: unas manos titánicas, divinas, cada una lo suficientemente grande como para rodear un avión de pasajeros, se materializaron en la oscuridad. "Dios mío", solté sin pensar. Chase miró de reojo y me lanzó una mirada de satisfacción. Patty G asintió. Intenté describir lo que veía, pero se me escapó la elocuencia. La gente había dejado de grabar el espectáculo y bajado los teléfonos. La rendición era total.

A continuación, los drones se agruparon formando una figura difusa con forma de cruz, de al menos siete pisos de altura, que pronto se cristalizó en la figura de Cristo crucificado. Había visto un buen número de representaciones de la crucifixión a lo largo de mi vida, incluidas algunas en el Vaticano. Pero, por primera vez, lo sentí. De verdad. Realmente clavaron a un hombre de mi edad a una viga de madera y lo dejaron morir. Su dolor, encarnado en el cielo, se hizo palpable. Allí estaba yo: un hombre de California en Texas, viendo cómo unos drones fabricados en Corea daban vida a una historia de Jerusalén.

Espectculo de drones JJJ en Manvel

El show de drones JJJ en Manvel.

Cortesía de Aerial Illuminations
figura de Jesucristo en la cruz hecha de drones
Cortesía de Aerial Illuminations

Unas semanas más tarde, me enteré de que Jesus Jesus Jesus había batido oficialmente cinco récords mundiales Guinness: el logotipo, la pantalla LED, el código QR y la palabra formados con drones más grandes del mundo, además del mayor número de drones (66,123) lanzados en una semana. A pesar de todo el asombro que sentí aquella noche, mi estancia en Manvel no me convirtió en creyente. Pero sí que me dejó con ganas de que llegara el 4 de julio, cuando los cielos se iluminarían para conmemorar el semicentenario de esta república dividida y en peligro.

Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Andrea Baranenko.